De vez en cuando, tengo un día normal

Abro los ojos con un leve dolor de cabeza y la sensación de que la noche anterior ha durado apenas veinte minutos. Sin saber cómo he llegado hasta la ducha un chorro de agua fría me despierta de forma abrupta y un pestañeo más tarde estoy en la cocina, vestido con lo primero que encontré y sacando tajos a un taco de queso para hacerme un sándwich. Otro breve lapsus temporal y veo llegar la guagua, que se encuentra a mucha menos distancia de la parada que yo y corro a lo Forrest Gump para no quedarme tirado los diez minutos que tardará en pasar la siguiente.

Ya en el asiento intento recordar qué carajo ha pasado para estar tan sobado y empiezo a recordar fragmentos de las pesadillas que tuve por la noche, cuando veo que estamos parados porque hay una mamá pata cruzando con sus diecisiete mil ochocientos cuarenta y nueve patitos. Viendo que aquello no va a ningún sitio, me bajo y le pido a una señora que pasa que me lleve en su carro de la compra con ruedas. Como la susodicha avanza a unos setecientos kilómetros por hora, llego a la oficina en nada.

Allí me encuentro con que mi jefe ha decidido que todas las decisiones de arquitectura tomadas en los últimos seis meses son gilipolleces de modernitos y que vamos a volver al viejo enfoque de saltar de cabeza a cada problema sin perder tiempo pensando en este o aplicando soluciones ya probadas para planteamientos comparables. Además me echa la bronca porque es vergonzoso que un tío que está buscando un ascenso y espera gemelos se presente en la oficina “con esas pintas”.

Por alguna razón que aún tengo que descubrir, en TODAS mis pesadillas voy sin pantalones. Así que al mirarme para ver a qué se refiere con lo de mis pintas, me veo las melenas de los muslos y me despierto en la guagua, que ya va llegando a la estación (con los pantalones puestos). Decido en ese mismo momento que no vale la pena pensar demasiado en las pesadillas de la noche anterior teniendo otra en la que analizar ahora.

De vez en cuando mis sueños se mantienen dentro de lo más-o-menos-posible y suele ocurrir que hay ciertos paralelismos con la realidad.

Mi mujer y yo acabamos de comprar un carro de la compra con ruedas y no creo que sea casualidad que ese elemento aparezca en el sueño, además del hecho de que la mamá pata tenía muchos más patitos de los que se podría esperar. ¿Será un reflejo de lo que se me viene encima? ¿Debería haberme tomado tiempo para perder la compostura y entrar en pánico porque me vienen dos críos?

Hace poco durante una reunión con un jefe, este me confesó que tomaron medidas para reemplazarme en el caso de que decidiese moverme de vuelta a España cuando anuncié que iba a tener dos monstruitos rondando por la casa.

Lo primero que pensé cuando mi señora me anunció que había abatido dos pájaros de un tiro (la primera ecografía ocurrió con ella en España y servidor entre canales) es: “Ahora sí que sí que no me muevo de aquí, quiero que mis hijos disfruten de la educación holandesa”. No he invertido tiempo en pensar que voy a perder infinidad de noches de sueño, en que ahora de los frutos de mi trabajo van a depender dos personas más, en que mi hobby van a ser ellos y sólo ellos, en que si las perras darán problemas con los críos o no, en que la guardería me va a costar un 50% más (cosas de los países bajos, te cobran la mitad por poner el segundo engendro en el apartadero).

Dije en un artículo anterior que ni me tembló el pulso al saber que me venían gemelos. Es cierto, bueno, salté de alegría y grité como un loco exhultante, pero no me puse nervioso. El tiempo parece estar dándome la razón, mi mujer está teniendo un embarazo bastante tranquilo y cada problema que surge parece encontrar solución, además de que el mismo jefe que contó lo de que previeron mi huida, ha hecho un acercamiento en nombre de la empresa para saber qué pueden hacer por mí en esta nueva singladura. Aún con todo ello, empiezo a darme cuenta ahora: Tenía que haberme puesto nervioso. Tendría que haber tenido un ataque de nervios, hiperventilar, llorar, reír histéricamente, dar puñetazos o cabezazos a la pared, gritar hasta desgañitarme o tener cualquier otro tipo de crisis nerviosa para luego poder decirme a mí mismo que no hacía falta llegar tan lejos, que no pasa nada.

Pues no, servidor es muy tonto y tenía que mantener la compostura.

Lo cual es doblemente estúpido, porque mi mujer no estaba en el país y podría haber pasado el ataque sin contagiarla de mis nervios. Si os lo preguntáis, sí, mi mujer lee el blog, te quiero, nena.

Porque lo cierto es que no está siendo para tanto y los problemas que vengan, vendrán y serán resueltos, pero el estrés con el que he cargado mi cuerpo me ha estado pasando factura en las últimas semanas y yo no he sabido verlo hasta que he tenido una estúpida pesadilla.

He estado malhumorado, indiferente, hasta he dejado de cuidarme y me he puesto enfermo. No he recordado lo suficiente a mi mujer cuantísimo la quiero ni lo hermosa que está. He sido poco profesional, me he convertido en un lastre en las reuniones y mi productividad ha caído en picado.

Y me doy cuenta escribiendo estas líneas, acabo de descubrir cuantísimo necesitaba escribir. Soy un batallas, me encanta contar pequeños sucesos y considero que estamos hechos de ellos. Para mí la vida es un conjunto de eventos que se convertirán en historias así que supongo que escribir hace que las cosas me parezcan más reales.

No tenía motivos para ponerme nervioso y aun así me tenía que haber arrancado los pelos a tirones.

Sin importar que nos consideremos personas dadas a la lógica, somos seres de instinto. A veces hay que tomarse un día para ser humano y fracasar a la hora de mantener el control. Porque estamos río abajo en una balsa construida con prisa porque nadie nos dijo que habría rápidos. Podemos remar y evitar las rocas, pero el control es sólo parcial, hay que aceptar que estás sujeto a los caprichos del mundo que te rodea como lo está la hierba que es mecida por el viento. En menor medida claro, tú tienes capacidad para reaccionar y eso hace que seas menos vulnerable frente a los vaivenes. Es por eso que se usa el ejemplo de la hierba, la hierba está completamente a merced del viento, así que ha tenido tiempo de aprender qué hacer si el viento es muy fuerte, nosotros podemos luchar y por eso a veces olvidamos que las circunstancias tienen un derecho cruel, basado en su grandiosidad, el derecho de sobrepasarnos. Cuando llega ese momento hay que hacer como la hierba, porque si no, haces como la ramita.

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7 comentarios en “De vez en cuando, tengo un día normal”

    1. Buenas,

      Por fin he podido triangular la recomendación de Pelocha con el exigente lector que debate conmigo en el área de comentarios.

      De momento: el RSS está cargado en el Feedly, así que ahora toca ir a por el contenido.

      Enhorabuena, en primer lugar, por los bambinos y esas cosas: es cierto que, por aquí, a la mínima que vean un cierto cambio en nuestras vidas, se lo suelen tomar por la tremenda, rollo “ya está: ahora se va”…

      Conmigo, llevan años con la cantinela: nunca dejan de preguntarme cuándo volveré y cosas así (les digo que no me quiero quedar aquí, pero que la respuesta no es bajar al terruño… Todavía me queda, creo, “una última bala”).

      Total, que apuntamos el blog y ahora voy a por el resto de posts (empiezo por los cinco últimos).

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      1. Hola y gracias por pasarte.

        Gracias por lo de los enanos, creo que ya han entendido que venía con la intención de criarlos aquí.

        Yo por mi parte sí que tengo planeado quedarme, pero habrá que ver cómo avanza la cosa y si nuestro amigo de Dragon Ball consigue más poder en las próximas elecciones. Como sea, tengo un par de balas más, los irlandeses están como locos por pillar a gente de mi oficio y a mi señora no le importaría conocer Nueva Zelanda, que también tiene una sana industria IT.

        A la espera quedo, señor.

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    2. Estupendo: no sé si esto ha publicado el comentario que te acababa de escribir o no (me cago en los mengues).

      Pues nada (resumo): que es un placer leerte, que enhorabuena por los bambinos y que te he metido en el Feedly.

      Prepárate.

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