La oficina a dos pasos de la cama

Me despierto a un nuevo día y toco malamente el móvil que me hace de despertador, mandándolo a callarse diez minutos en lo que m

Me despierto a un nuevo día y de un manotazo le digo al móvil que me avise en diez mi

Me despierto a un nuevo día y me doy cuenta de que hace veinte minutos que tenía que haber salido de la cama. Le doy al despertador otros diez minutos, no vaya a volver a dormirme. Me sueno con fuerza y tras ello toso aún más fuerte, eso me recuerda que estoy en el cuarto de invitados porque una leve gripe ha hecho presa de mí y no quiero contagiar a mi señora y los dos pequeños pasajeros que lleva en su vientre (no tan pequeños, en realidad son bastante grandes, prueba de ello son los dolores de espalda que sufre mi amada esposa).

Me encuentro una jarrita con café frío en la cocina y me lo sirvo con un poco de leche también fría (me encanta el café con leche así, casi tanto como el recién hecho de cafetería buena), añado unas tostadas al conjunto y me pregunto qué diantre hago desayunando sin haber pasado por la ducha. Descontento por haber roto mi rutina mañanera (es mucho más funcional de lo que cree la mayoría) me doy un remojón, me visto a base de añadir capas de ropa hasta que parezco el muñeco de michelín y me pongo en marcha preguntándome si realmente debería ir a la oficina en mi estado actual.

Como suele pasar cuando uno está enfermo, me abrigo porque estoy helado y paso a tener un calor infernal. Tomo la guagua y lucho contra el impulso de quitarme el abrigo durante todo el camino. Cuando llego a la oficina, sólo un compañero, de origen italiano, ha llegado. Cosas de ser español, los holandeses, aún siendo trabajadores como el que más, no tienen mucha cultura de madrugar.

Le comunico que tiene que revisar mi trabajo del viernes para ponerlo en producción (es política no de la empresa sino del propio personal, que todo lo que se despliegue pase por cuatro pares de ojos y el revisor tiene que ser preferentemente, alguien que no haya intervenido en el trabajo realizado en absoluto). Su respuesta es tajante: No hay ninguna solicitud de revisión en el repositorio.

Extrañado me doy cuenta de que es cierto: Hice los cambios pero no los subí, así que me pongo a ello sólo para descubrir que no puedo: Nos han reemplazado todo el aparataje que nos conectaba a Internet y los nuevos cacharros no permiten conectar por SSH. Para la gente normal que no entiende el lenguaje alienígena de los informáticos: El tipo de conexión que nos permite compartir el trabajo, que nos permite establecer conexiones a los servidores de forma segura, que nos permite comprobar cualquier incidencia que ocurra, esencialmente: Algo que necesitamos para trabajar sí o sí.

Después de aprovechar para responder a un par de correos, discutir un par de cosas pendientes, planificar algunas tareas que están por venir y de que todo el resto de la oficina llegue, tomamos la decisión de irnos a casa y trabajar en remoto.

No es práctica poco habitual en mi profesión: Te vas a casa, te encierras en tu despacho y echas las horitas que toquen.

Algunos estarán pensando: “Hala, que chollo, currar desde casa, eso tiene que ser fabuloso”.

Otros están pensando: “Este nos va a soltar ahora que no todo es tan bonito como lo pintan y que en realidad no está tan guay”.

Pues tienen razón los primeros: Esto es fabuloso, pero tampoco viene sólo. Por un lado implica un gesto de confianza por parte de la parte empleante, por otro es necesario un tipo especial de disciplina para ser productivo y rentable a la empresa mientras se trabaja en casa (lo de ser rentable a la empresa viene del planteamiento de verte como un proveedor y no como un empleado. Si te planteas que lo que haces es vender tu trabajo y que tienes un único cliente, aprendes a autoevaluarte de forma objetiva por pura supervivencia, más información en un artículo futuro).

Yo ya tenía experiencia en trabajar en casa: Fui autónomo una temporada y empresario otra, pero durante ambos periodos dispuse de una oficina y de la presión de saber “que si no vas no has ido” y que si no has ido, no cobras. Con dicha presión es bastante más fácil resolver el problema del rendimiento doméstico, aunque pueda llevar a no establecer límites y pasar más tiempo del que deberías trabajando.

Cuando no eres tu propio jefe la cosa cambia: Tienes unas horas y pasadas las susodichas se supone que te has ganado tu salario. Evidentemente tienes que ser productivo, pero claro… ¿Quién carajo sabe lo que hacemos los programadores? ¿Cómo sabes si está produciendo mucho o si se está marcando un Wally? No puedes medirlo en líneas de código. La mayoría de herramientas que hay para medir la productividad en nuestra profesión son tan dañinas que tienden a destruir a programador y programa. Así que el fantasma de “por un día no pasa nada” acecha entre las sombras, tentándote para que te desvíes del camino de la forma más salvaje, sabiendo que es casi imposible confirmar si has o no has estado dando el tajo la jornada completa.

Hay gente que no tiene ese problema y es capaz de sentarse delante de la máquina sin hacer nada diferente en cada situación y producir lo mismo en un cubículo, en la cima del Himalaya, en una perrera o en una rave. Yo no soy uno de ellos, yo veo al fantasma tendiéndome la trampa del despiste venir desde lejos, pero sé que tengo que hacer algo antes de llegar a ella.

Por miedo a caer en esa trampa hice lo que hago siempre, algo que me ha ayudado enormemente a recorrer muchísimo camino en más bien poco tiempo, atentos porque lo que voy a decir a continuación es la verdadera clave del éxito y no aparece ni “El Secreto” ni en “Personas tóxicas” ni en ningún otro libro de autoboicot de cuantos hay en el mercado: Preguntar a quien sabe más.

Y pregunto a un compañero: Un chaval joven, inteligente y enérgico que viviendo en Amsterdam y siendo los trenes como son en invierno, tiende a trabajar mucho en remoto. Tras escuchar sus consejos y trabajar unos cuantos días en remoto he llegado a una serie de métodos que funcionan fabulosamente para servidor. Los relato a continuación:

  • Objetivos claros y preestablecidos: Es muy importante no improvisar lo que haces a lo largo del día, si no sabes hasta dónde quieres llegar, ¿cómo vas a saber cuando has llegado? Determino cuánto considero que tengo que tener hecho al final del día el día anterior. Siempre intento tener un objetivo adicional por si he sobrestimado las tareas.
  • Establecer hitos: Fragmentar las metas del día y hacerlas coincidir con puntos en el tiempo, de esta forma puedes controlar cómo vas respecto a tu plan.
  • Determinar recompensas para los hitos cumplidos: Ya sea un capítulo de la serie que estás viendo o unas páginas del cómic o libro que estás leyendo, si terminas un hito antes de tiempo, puedes ver unos minutos o incluso el capítulo entero durante la comida.
  • Cierre de puertas: Si terminas la última tarea y queda menos de una hora para el fin de tu jornada, puedes permitirte cerrar el chiringuito un poco antes, pues has cumplido. Si es más de una hora, probablemente hayas subestimado tus tareas para el día y deberías atacar el objetivo adicional.
  • Horas extra: Si no he cumplido los objetivos suelo echar un rato más para dejar la tarea en un punto que me permita retomarla limpiamente y analizo si ha sido cuestión de subestimar la tarea o de baja productividad para tomar medidas al respecto.
  • Sanctum Sanctorum: Aíslate del mundo, si no vives sólo, asegúrate de que familiares y compañeros de piso entienden que estás en tu oficina trabajando y que sólo deberían llamar a tu puerta por los mismo motivos por los que irían a tu lugar de trabajo: En situaciones excepcionales. Intenta que posibles mascotas no tengan acceso a ti y, a poder ser, ni a tu puerta. Si hay algo que distrae más que el perro pidiendo mimos es el perro rascando la puerta para que le abras y poderte pedir mimos. Unos auriculares con cancelación de ruido no sobran tampoco.

Y esto es lo que he vivido y aprendido de momento en el maravilloso mundo de trabajar en casa. Es realmente gratificante y tiene la ventaja de que por la tarde realmente te apetece salir a dar un paseo y ver el mundo exterior. Al venir de la oficina muchas veces lo que queremos es quedarnos en casa acurrucados con los seres queridos y eso no es siempre una opción tan buena como desearíamos que fuese.

Eso por no hablar de las horas de sueño que se ganan, tardar literalmente menos de un minuto en llegar a tu lugar de trabajo alarga el día considerablemente.

Y tú, ¿tienes la ocasión de currar desde casa? Si lo haces, ¿cómo luchas contra los espíritus de la distracción?

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3 comentarios en “La oficina a dos pasos de la cama”

  1. Realmente no puedo trabajar desde casa, pero si de verdad no pudiese llegar al trabajo y tuviese que hacerlo, no me pondrían pegas. Lo que pasa es que en el curro yo tengo dos superpantallas y un teclado, y en casa un mini portatil….no es muy práctico cuando trabajas con dos programas a la vez…

    …y me costaría concentrarme un huevo.

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    1. Venga venga: no me lloréis 🙂

      Es una cuestión de actitud: las personas que ni siquiera sueñan con trabajar desde casa se creen que aquello es jauja (no está mal, seamos honestos).

      Dependiendo del tipo de trabajo que tengas y de lo que tengas que hacer cuando estás en casa, se puede convertir en un día vaguete, como se puede convertir en el día más productivo de tu vida (yo tengo de los dos, dependiendo de la época).

      Tengo la suerte de que, trabajando en tecnológicas, nunca he sabido qué es fichar en una empresa… A estas edades, ni lo concibo (eso sí se parece alienígena).

      Pero como dice Pelocha: en el trabajo, yo tengo 3 monitores, café a granel, una cantina y compañeros de trabajo a los que doy (o me dan) por saco con preguntas, respuestas y lo que se tercie.

      Coincido contigo en que trabajar desde casa es una cuestión de actitud: conozco a gente que no es capaz de ir a trabajar sin un traje, como conozco a individuos que evitamos el traje como el gato al agua.

      A otro post, que estoy on fire (reunión de departamento con bla bla bla: oportunidad fantática para matar mail y leer cosas como tu blog).

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  2. Hombre, yo en casa tengo mejor setup que en la oficina, pero también está el asunto de que era auto-gnomo en España y me traje el aparataje.

    Yo no soy muy partidario del traje, pero entiendo a quien lo quiere llevar, el hábito no hace al monje, pero ayuda si le dejas ayudar.

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