Completos desconocidos que forman parte de mi vida

Me despierto enérgico, es uno de esos días en los que duermes maravillosamente bien y te sientes con energía para afrontar todo lo que la vida decida arrojarte a la cara.

Ducha y desayuno fuerte antes de ponerme en camino y llegar a la oficina en un suspiro. A veces hasta el transporte público se compincha para que todo vaya rodado.

Después de un día en el que se rompen un par de cosas con fácil solución y las tareas planeadas para el día caen como fichas de dominó, me dan la noticia: Hay una pringada de la que creía que me había librado y a la que voy a tener que asistir igualmente.

La pringada en cuestión son unas jornadas de economía colaborativa en las que se impartirán una serie de charlas sobre los beneficios sociales y económicos de cosas como compartir el coche, comprar cosas de segunda mano y un largo etcétera de prácticas que sumarían para convertirse en una jornada interesante de no ser por un pequeño “pero”: Todo está organizado en lengua de los canales (insisto en que esta gente no habla, hace gárgaras).

Servidor sigue un curso online con el que ha hecho algunos progresos. Soy capaz de preguntar precios cuando un cajero no habla inglés y a veces puedo expresar alguna idea un poco más compleja, pero de ahí a entender esas charlas…

¿Que por qué quieren que vaya? Pues porque va a haber inversores y clientes, algunos de los últimos miembros muy activos de la comunidad de usuarios y la empresa quiere que tengan la oportunidad de charlar con los que “hacemos la magia” (usaron esas palabras, si quieres hacer pringar a un programador, no halagues su ego, reconoce el valor de su profesión).

Aparentemente los desarrolladores que no hablamos holandés éramos los únicos sin una excusa para no asistir, pensando que no la necesitaríamos. También se une el último en llegar al equipo, holandés, pero desconocedor, tampoco se preparó la escaqueada. Así que cuando llegamos al sitio aquello empieza como un mal chiste: Un brasileño, un holandés y un español entran en un centro de convenciones…

Me dedico a fundir la batería del móvil jugando a juegos, escribo el inicio de tres artículos para este mismo blog y tomo más café del que debería dado que ya han pasado las siete de la tarde mientras las charlas tienen lugar. De haber sabido que la empresa se va a mudar a este edificio precisamente en unos meses, me habría dedicado a explorarlo. Al acabar las charlas hablamos con los propietarios, sonreímos y escuchamos sugerencias y quejas. Aviso para navegantes: Como españoles podríais pensar que son quejas veladas, dichas entre dientes o “dejándolas caer”, como haríamos en España, pero no, los holandeses van a cuchillo y se dedican a listar cada elemento de la aplicación que les disgusta. Tomo nota de todo, algunas de las sugerencias parecen interesantes y más de una queja era por algo que nos había pasado desapercibido.

Finalmente se sube a dar la charla todo un entrepreneur, el señor Maurits Groen, fundador de Waka Waka Power+, una compañía que vende baterías con placa solar, linterna y salida USB y envía una a países en vías a desarrollo otra unidad. Se sube este señor a un escenario, agarra el micro y se pone a hacer gárgaras unas doce horas (el programa decía que media, pero a mí me parecieron doce).

Y allí estoy rodeado de toda aquella gente a la que no conozco de nada y me doy cuenta del enorme peso ha tenido toda la gente allí presente en el desarrollo de mi vida reciente. Está el ponente en sí, que ha sido uno de los padres de la economía colaborativa, los fundadores de la empresa en la que trabajo e inversores que creyeron en la idea desde el primer día. Hasta ahí la cosa es predecible, todo el mundo sabe que su jefe es significativo en su propia vida laboral, así como sus inversores y aquellos que inspiraron la idea. Con los clientes es bastante obvio, pero hay algo más.

Muchas de las personas allí presentes no son clientes de mi empresa, pero estando en un evento como este, uno puede esperar que lo sean de alguno de los otros servicios de economía colaborativa. Gente que usa Uber, AirBnB, BlaBlaCar… Personas que usan esos servicios y comentan con familiares y amigos que funcionan, personas que crean un mercado.

Todas estas personas son nodos de una red, de una telaraña de la que yo también formo parte. Una telaraña que me catapultó desde mi casa en las Canarias hasta la tierra de los canales. Una red que me hizo cambiar un clima en el que veinte grados es motivo para abrigarse por uno en el que el verano dura tres días.

Un día dedicaré un artículo a lo que llamo el “Karma subjetivo” (no, no me he vuelto misticista de pronto, es una impresión que tengo sobre las interacciones humanas), pero ahora me limitaré a decir que parte de mi filosofía de vida viene contenida en el “trata como te gustaría que te tratasen”.

Y es que no puedes saber quién ha sido clave en ponerte donde estás, en un sentido o en otro. Hace poco tuve una pequeña epifanía en la que me declaraba indefenso ante la magnitud que los acontecimientos llegan a adquirir en ocasiones. Pues ahora quiero oscilar ese péndulo en el sentido contrario.

A veces el mundo conspira para ponerte en un sitio. No, no creo que haya una fuerza invisible que vele por ti, simplemente sé que hay gente buena ahí fuera, gente que cuando se encuentra ante una decisión no sólo se plantea qué es mejor para ellos, sino cuánto mejor puede ser el mundo si decide con un criterio que contemple el bien común.

En ocasiones, esas buenas acciones se suman o incluso entran en sinergia con otras para crear las circunstancias que necesitas para llevar a cabo tus proyectos.

Todo es cuestión de estar preparado para saltar al tren cuando pase. Tener esperanza no es una estrategia, estar preparado por si algo bueno pasa, sí.

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2 comentarios en “Completos desconocidos que forman parte de mi vida”

  1. A ver, por partes:

    “… Esta gente no habla, hace gárgaras”

    Esto me ha hecho reír, en medio de una reunión de departamento (me están mirando raro ahora, porque estoy escribiendo mientras “ojeo” la presentación).

    A bote pronto, la economía colaborativa es interesante: mi problema es cuando se convierte en cosas como AirBnB o Uber (plataformas pertenecientes a compañías que se pasan las leyes por el forro de los cojones: los señores de Uber, entre otras cosas, han llegado a mandar a americanos a trabajar a Europa sin permiso de trabajo ni gaitas… Cuando las cosas empiezan así desde dentro, ya sabes).

    Por tanto, las ideas son interesantes, pero es la ejecución la que me preocupa (sobre todo lo que tiene que ver con la creación de economía sumergida o lesión de las leyes, cosas que esas empresas hacen, a demás, “a tumba abierta”).

    A su vez, estas empresas nos hacen pensar sobre, efectivamente, nuevas posibilidades de hacer las cosas…

    Repito: las ideas son buenas, pero la ejecución y los intereses de estas empresas dejan muchísimo que desear.

    Me alegra, en este caso, que estés metido en esas historias: mola estar en medio de una disrupción, viendo cómo las cosas cambian, es sin duda un lugar privilegiado :-))

    Otro post más que cae: a por el siguiente.

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  2. Soy consciente de las flagrantes vulneraciones que se hacen de los derechos laborales. Más aún, MyTaxi está poniendo en prácticas estrategias de bajadas de precio que están más que prohibidas en otros sectores como la alimentación. Ofrecen descuentos a pérdidas con el objetivo de asfixiar a los taxistas que no se unan a la mafia. O el ligero detalle de que Uber olvida mencionar que un DIECINUEVE por ciento de las quejas que reciben son por agresión sexual de algún tipo. También que AirBnB defienda profundamente su aspecto social, pero permita poner habitaciones de “falsos hostales” que no tienen regulación maldita y compiten en desigualdad con hospicios reglamentados.

    Por parte de los míos, sé que no hacemos cosas de esas, al menos de momento. No permitimos coches que no sean de particulares ni intentos de flotillas, anteponemos la satisfacción del cliente… Si eso cambia, te aseguro que verás como cambia el tono de mi narrativa. Yo me caso con mi señora, al margen de eso, no soy incondicional DE NADA.

    Gracias por pasarte, majo.

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