Rutina

Me despierto, me ducho, me visto, desayuno y al bus. Y la noche anterior, antes de irme a la cama, decido a qué hora voy a despertarme para que me de tiempo a ducharme, decido qué me voy a poner al día siguiente y qué voy a desayunar.

Cuando llego a la oficina, me pongo a trabajar en lo que tenía planeado desde el día anterior y tengo asignada al menos otra tarea para después. Según se acerca el final del día, intento planear que voy a hacer al menos durante las primeras horas del día siguiente.

¿Predecible? ¿aburrido? No, es rutinario y eso no viene a ser lo mismo.

¿Os habéis dado cuenta del trabajo que cuesta tomar una decisión? Si te despiden y te ofrecen un nuevo trabajo, te alegras y lo aceptas con más o menos alegría, pero si te ofrecen dos la cosa se complica.

Y es que somos víctimas del ¿y si? Si te ofrecen dos, ya estás descartando todo un universo de posibilidades. Peor aún, puede que no te hayan despedido cuando llegue la oferta y podrías tener que elegir entre irte a una nueva empresa o quedarte en la que estás. Eso es mucho peor por un sencillo motivo: Comparamos un universo infinito de posibilidades al quedarnos, pues tenemos nuestra historia en la empresa para crearlo y otro universo aún más infinito en la nueva, pues no tenemos historia alguna limitándonos para crearlo.

Es terriblemente complicado dejar atrás un conjunto de posibilidades al tomar una decisión y parece sencillo decirlo cuando se trata de algo tan gordo como cambiar de empleo, pero en realidad el estrés que nos genera una decisión así no es para tanto comparado con la decisión en sí. Entre ir a a la otra empresa y no hacerlo cambiarán una serie de parámetros, es tan simple como tomar dichos parámetros: Estabilidad, salario, entorno laboral, relaciones personales, opciones de crecimiento, cultura empresarial, competencia de los directivos y remuneración no salarial. Factor arriba factor abajo, es todo cuestión de darles una importancia (eso va con cada uno) y un valor (para eso uno tiene que conocer su empresa y la de destino), luego miras las diferencias en los puntos que te resultan más importantes y si aún dudas, desempatas con los puntos que te resultan significativos, pero no vitales (evita mirar los insignificantes, si llegas a eso, lo que tienes que hacer es que replantearte es las valoraciones e importancias anteriores).

Lo mismo pasa cuando eliges tu desayuno, sufres un estrés desproporcionado frente al significado de la decisión en sí. Tuerces el gesto mientras miras los cereales en un estante y el pan de molde en el otro. Apretas los labios al elegir entre esta o aquella camisa. Chasqueas la lengua al darte cuenta de que te estás poniendo un pantalón que no abriga y por la ventana el día se anuncia frío.

Si a eso añades que a la mayoría de mortales se nos despiertan unas trece neuronas y estas van poco a poco despertando al resto del cerebro, dejándonos a bajas revoluciones hasta un momento que para unos es el primer café, para otros el tercero y para unos pocos privilegiados no adictos a la cafeína, algún otro punto del día no definido por el consumo de químicos, te encuentras que dichas decisiones son aún más duras de tomar que en un estado neuronal óptimo.

No se trata de tener una vida aburrida y de hacer todos los días lo mismo, sino de tomar las decisiones cuando es necesario. Mi truco es tomar dichas decisiones la noche anterior y cumplirlas sin pensar en ello al día siguiente. En general, por la noche uno tiene un estado de ánimo bien definido y es fácil decidir esas tres cosillas de antemano. Los pequeños “rituales” mañaneros mantienen nuestros niveles de estrés bajos para que podamos empezar a tomar decisiones cuando el día realmente lo exija así.

¿Y vosotros? ¿Tenéis algún truco para empezar el día más enérgicos?

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5 comentarios en “Rutina”

  1. Yo soy un poco kamikaze con las decisiones a veces. O lo parece. Pero en realidad no. Me costó un montón el decidir que quería irme de donde estaba y encontrar un trabajo nuevo. Una vez decidido, me costó hasta que llegué hasta el final del proceso de selección de un puesto (por el tema idiomático). Una vez conseguido, acepté sin pestañear (y tuve que dar el notice antes de firmar el contrato nuevo, e iba a un trabajo en el que no sabía si iba a pasar el periodo de prueba (por el idioma y xq el trabajo era distinto al que hacía)

    Otro ejemplo: Un 28 de Diciembre me llama una amiga y me ofrece el piso en el que ella vive, para mudarme el 1 de Febrero. Tenía que dar el notice al piso en el que vivía antes del 31 de Diciembre, y no me reunía con el futuro casero (y firmaba el contrato) hasta el 10 de Enero: me podía haber quedado en la calle :p

    QUIEN NO ARRIESGA NO GANA. Yo no me acomodo en la rutina.

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    1. Igual no he sabido transmitir lo que quería decir.
      Lo que propongo es establecer una rutina para las cosas en las que puedes permitírtelo y así tener energía para poder enfrentar al 100% las decisiones importantes.
      Creo que estamos diciendo lo mismo, pero yo me las he apañado para irme tanto por las ramas que he terminado transmitiendo lo contrario de lo que quería decir.
      Te recuerdo que yo también soy expat y antes de eso fui autónomo y empresario, el tema de arriesgar lo tengo cubierto.
      ¡Gracias por tu comentario!

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  2. La verdad es que llevo un tiempo donde despertarme me cuesta…

    Así que, lo que hago, es simplemente dejarme llevar: me recuerda a mis tiempos “de la otra vida”, cuando llegaba, en Madrid, a las 10:30 de la mañana a la oficina (luego me iba a las 22:00, conste).

    Siempre digo que cuando uno asume que no tiene nada que perder, las cosas se simplifican: a partir de ahí, si eliminas toda emoción de un problema, la solución aparece siendo obvia.

    Pero, como todo el mundo, hay épocas, problemas y situaciones: el papel dicta eso, pero somos como somos.

    Yo empiezo el día cargando el SO (tardo unas dos horas en ser persona: en ese tiempo, hay música, radio, podcasts y algo de comer o beber en la cocina, sean vitaminas, sea agua, sean cereales o Red Bull, lo que sea :-)) y, a partir de ahí, la sonrisa aparece sola…

    Quizás ese es el secreto: conoce tu ritmo y fluye con él :-))

    Un post más y he acabado.

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    1. Yo en esos días zombie lo que suelo hacer es obligarme a no usar el agua caliente en la ducha, espabilo al momento.

      En Holanda es bastante más difícil que en Canarias, el concepto de frío está a unos veinte grados de distancia aquí.

      Si tienes que leer sólo uno más, ve al que usé para inaugurar el blog, el primerísimo.

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