Conciencia plena suena mejor que Mindfulness

Suena el despertador y antes de apagarlo hago un repaso de las veces en que me he despertado por la noche, porque han sido unas cuantas.

Me meto bajo la ducha y mientras el agua me cae por encima empiezo a recordar una noche de pesadillas tontas, pero agotadoras.

Parece ser que mi cuerpo echa de menos lo que sentía cuando dudaba de mi capacidad para hacer mi trabajo (un síndrome del impostor de manual) y me hace soñar una y otra vez con escenarios imposibles que todo el mundo parece poder resolver menos yo.

En el desayuno evaluó mi dolor de cabeza, intentando determinar si debería tomar analgésicos en el desayuno. Ya empieza a ser norma, al menos una vez por semana cae un desayuno aderezado con pastillas. Pienso en ello y concluyo que es normal: Los gemelos, la incipiente visita de padres y suegros, los retos a los que me enfrento en el trabajo… Hay gente que entraría en pánico por la mitad.

Así que me bajo un grano de paracetamol con cafeína, combinación creada, supongo, porque siendo lo cafeinómanos que son los holandeses, la mitad de sus dolores de cabeza deben ser por síndrome de abstinencia.

El viaje en guagua tranquilo y sin novedad hasta llegar a la oficina donde el dolor, aunque considerablemente mermado como consecuencia de las pastillas, se convierte en una traba para el trabajo. Voy a por un café mientras trazo un plan de ataque para las tareas del día.

Me tropiezo con mi italiano favorito, un colega desarrollador y SCRUM master que siempre parece tener la respuesta para cada pregunta. “Ciao Doc, how was the weekend?” suelta su coletilla con una expresión neutra que, sin necesidad de recurrir a algo tan obvio como una sonrisa, transmite honesto interés.

Es costumbre en mi tierra decir que bien, preguntar y que el otro también diga que bien para poder seguir con el día, pero por estos lares la gente suele preguntar de verdad y aunque este señor, llamémoslo Vito, no sea de por aquí, esa parte la tiene bien agarrada.

Me quejo un poco de las perradas que me han hecho las mascotas el fin de semana y le pregunto por el suyo, que tampoco parece haber sido espectacular, acto seguido, la sangre latina que ambos llevamos sale a flote y empezamos a despotricar de lo que está por venir a lo largo de la semana.

Y es que esta semana promete, porque empezamos un proyecto importante sin haber terminado otro proyecto importante, así que para evitar estar desviando nuestra atención… hemos dividido la atención. Un equipo se ocupa del proyecto inacabado y el otro, compuesto por mí, el menda, mi persona y uno mismo, tendrá que supervisar a dos desarrolladores que vienen de una consultoría a quitarnos nuestro estado de bienestar ayudarnos con el proyecto. Por otro lado, mi italiano favorito se marcha a finales de año, así que no puedo contar con su consejo y sabiduría mucho más, menos aún con su apoyo en las políticas internas de la empresa. Ahora que se va, opina de ellas algo ubicado entre “meh” y “bah”.

Bajo las escaleras para encontrarme que la mayoría de los compañeros ya ha llegado, saludo quedamente y doy el primer sorbo de café (suelo esperar a que se enfríe un poco).

Entonces me siento, veo que me quedan veinticinco minutos para la puesta al día diaria y tengo pendiente una tarea que puedo completar en ese tiempo.

Me pongo los auriculares, pongo la cuenta atrás para la reunión, desactivo las notificaciones, cierro el cliente de chat, pongo un poco de smooth jazz y al tajo. En ese momento todo desaparece. Estamos la aplicación y yo, mi mente se despeja y, si bien el dolor sigue ahí, se hace a un lado para dejarme hacer lo mío. Dejo atrás mi ego, pues no sirve para hacer mi trabajo, hay que estar siempre dispuesto a estar equivocado. Abandono las dudas, pues no tengo que preocuparme por fallar, sino estar dispuesto a aprender de cada error. Abandono los recuerdos de cada evento que me preocupa, pues sólo tiene cabida el problema a cargo. Cuando todo lo que sobra queda atrás, sólo estamos la parte más lógica y fría de mi mente y el problema a resolver. Durante veinticinco gloriosos minutos contemplo problemas de seguridad que resuelvo limitando el acceso a los datos, problemas de conectividad que no tienen solución pero de los que me aseguro que queden registrados si ocurren y problemas de concurrencia (que un montón de gente intente acceder a los datos a la vez) que minimizo asegurándome de no bloquear datos importantes demasiado tiempo.

Durante ese tiempo, soy libre de verdad y todos los dolores de cabeza, malas noches de pesadillas y conflictos de amor propio que provoca mi profesión se difuminan en el aire, dejando sólo la satisfacción del trabajo bien hecho, del problema resuelto, del reto superado.

Luego vuelvo a la realidad para hacer frente a la reunión y poco después el ciclo puede empezar. A veces paro para meditar a secas, es parte de mi proceso, pero en general, he convertido mi trabajo en otra forma de trance.

Soy muy poco partidario de las palabras que repiten los gurús mientras ondean las manos, pero esta movida que hay ahora con el mindfulness es una tendencia que puedo entender y respetar, aunque necesita un par de aclaraciones.

En primer lugar, no todo suena mejor en inglés y esta tendencia es un gran ejemplo de ello. ¿Qué tiene de malo “Conciencia plena” o “Conciencia pura”? Suena fabuloso y es relativamente fácil intuir lo que significa sólo con saber un poco de castellano.

Al margen de esto, lo que más me asombra de esta tendencia es el tema de la meditación de conciencia plena, (si lo buscáis, probablemente tengáis más éxito buscando en spanglish) casi todo lo que encuentro son manuales de iniciación básica a la meditación más habitual en el budismo.

Servidor lleva años practicando la meditación en muchas formas y un día dedicaré un artículo a técnicas de meditación que se pueden hacer hasta cabreado. Como suele pasar cuando estás muy metido en algo, lo que se suele publicar al respecto y las modas relacionadas con el tema mue suelen parecer una basura superficial y simplista.

Pues para su sorpresa, queridos lectores, esta moda en cuestión ha pillado bien parte del tema. Si alguien quiere iniciarse en la meditación, aprovechad este tren que está pasando ahora mismo y subíos en el vagón de la meditación.

No obstante, conviene tener en cuenta que el tren tiene un par de vagones más que no están tan bien acomodados.

Hay quien confunde esto de la conciencia plena con “El secreto” y se cree que el tema va de apartar todos los pensamientos negativos en todo momento y mantenerse centrado en el momento presente segundo a segundo. Además de no pensar activamente en dolores y otros síntomas de enfermedades que se puedan padecer.

Por eso os he contado todas las quejas y momentos de concentración en los achaques que he tenido a lo largo del día. Parece ser que el otro vagón de la moda en cuestión consiste en limpiar tu mente de impurezas como si estuvieses exfoliando tu rostro de puntos negros.

Pues bien, me niego a aceptar que sea un avance el dejar de ser consciente de qué te duele y qué te aflige, sobre todo porque todo esto viene un tanto del budista y estos señores ya tenían claro cómo funcionaba el tema de afrontar los problemas: De vez en cuando despeja tu mente para poder pensar con claridad, pero después de eso, levanta el culo y enfréntate a tus demonios, porque no van a irse a base de ignorarlos y nadie va a combatirlos por ti.

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1 comentario en “Conciencia plena suena mejor que Mindfulness”

  1. Pues yo soy incapaz de apagar las voces de mi cabeza…incapaz de meditar o de hacer mindfullness. El único momento en que mi cabeza no está dando vueltas es aquel que sigue a un porrazo en la cabeza que hace que me desmaye….

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