Efecto mariposa

Todo esto viene a colación de hecho reales acontecidos a servidor, si consideras que lo a continuación descrito es una sarta de sandeces, eres libre de creerlo, pero permite que te adelante que al final de la retahíla viene una historia que te hará ver que lo que digo está apoyado por acontecimientos verídicos en los que uno de mis hijos casi pierde la vida.

Estamos sujetos a las consecuencias de acciones sobre las que no tenemos control alguno y eso da muchísimo miedo.

Y no estoy hablando de cosas grandes cuyos efectos para todo el mundo sólo podemos intuir con un temor frío. Véase la investidura de Donald Trump o el hecho de que el ayuntamiento de Valladolid haya aprobado una ley que permite la intervención de fuerzas militares en actuaciones policiales (si no os da miedo, os invito a buscar en la wikipedia los orígenes de cada policía al servicio de un régimen dictatorial, sea de izquierdas o derechas, desde Hitler a Stalin pasando por Franco, Mussolini o el propio Castro).

No, cualquiera puede intuir que cosas como que Inglaterra haya votado un sí al brexit va a tener consecuencias en la vida de todos, pero ¿qué pasa con esas acciones anónimas que inician una cadena de acontecimientos que termina teniendo efecto en nuestras vidas?

Suena a una historia de ciencia ficción, pero son innumerables las ocasiones en las que has recibido una mala respuesta de un compañero que siempre ha sido amable y eso, cogiéndote desprevenido, te ha puesto de mal humor lo que ha provocado que no estuvieses todo lo atento que deberías a ese asunto que te traías entre manos. A consecuencia de ello tu jefe ha sentido que la confianza que empezaba a depositar en ti no era merecida y ahora tienes que volver a redoblar esfuerzos durante meses para volver a donde estabas antes.

Y no tenías control sobre esa mala respuesta que te dieron y eso da miedo.

Lo cierto es que esa mala respuesta tampoco era el origen. Ese compañero siempre está feliz porque es aficionado a comer bien y su marido es un excelente cocinero. Sin embargo, ese día estaba distraído porque su gato Michelín, que normalmente es un animal cariñoso hoy había decidido enfurruñarse y atacar a su dueño mientras preparaba la salsa rusa para el lenguado que preparaba cariñosamente para su pareja, así que tuvo que utilizar una de bote.

Para colmo de males, esa salsa de bote viene de una fábrica local con un estricto control de calidad que previene que ningún lote en mal estado salga para la venta. Dicho control no funcionó en esta ocasión porque el encargado de controlar ese lote se despistó un minuto ajustándose las botas y no notó que hizo el control de calidad de un lote en mal estado comprobando un bote del lote anterior.

Como consecuencia, ese compañero normalmente estoico no pudo tener su momento de paz a la hora de la comida y el desorden emocional provocado por ello le hizo ser maleducado contigo en un momento en el que no te lo esperabas y no estabas preparado para ello.

Y no tenías control sobre el estado de la bota del técnico de calidad de la fábrica de salsas ni sobre el estado de ánimo de ese gato y eso da miedo.

Claro que el gato en cuestión estaba agitado porque había sido perseguido por un perro en una de sus escapadas al barrio. Un perro que normalmente era pacífico, pero que en ese momento se encontraba alterado por una bronca que le había echado su dueño. Dueño que normalmente no echa broncas a su perro, pero que había tenido que hacerlo ese mismo día porque este había decidido saltar la valla del jardín trasero del vecino para mordisquear una de sus botas, que había dejado al aire libre porque le sudan mucho los pies en su trabajo en la fábrica de salsas.

Aunque el perro no habría podido saltar la valla si no hubiese quedado dañada por el impacto de una motocicleta hacía una semana. Motocicleta que no se habría salido del asfalto de no haber esquivado su piloto en el último momento a un niño que se había metido en la carretera. Eso sí, el niño no se habría metido en la carretera si no hubiese estado persiguiendo su pelota. Pelota que no habría salido en dirección a la carretera de no haber chocado con un carro de supermercado que no tendría que haber estado en aquella acera.

Y no tenías control sobre ese carro de supermercado y eso da miedo.

Os podría contar que ese carro estaba ahí porque un vecino lo trajo lleno de cerveza para una fiesta a la casa de al lado y estaba descargándolo. También podría contaros que el supermercado no permite que los clientes se lleven los carros, pero que la encargada ese día estaba de buen humor porque su novio le había propuesto matrimonio la noche anterior. Os podría contar qué dio pie a ese romance que tuvo como efecto final que vuestro jefe perdiese la confianza que había depositado en vosotros y deciros que al no tener control sobre él, da miedo.

Claro que esa es una cuerda de la que puedo seguir tirando para siempre y creo que el mensaje está claro: Tenemos muchísimo menos control sobre lo que nos pasa de lo que nos gustaría pensar. Creer que tenemos las riendas de la situación es hacer un esfuerzo de voluntad inútil, hay que prepararse para sacar el mejor partido de las situaciones y saber aceptar que a veces simplemente no pudimos hacer más.

Ojo, hay que luchar por tus sueños, por ti y por los tuyos, eso siempre, pero no hay que torturarse cuando ocurre algo que no parece tener explicación o sentido. Un amigo mío suele responder a mis chistes malos con una plegaria de la que no me canso: “¿Por qué? ¿Por qué le ocurren cosas malas a la gente buena?”. Pues muchas veces es porque la encargada de un supermercado recibió un gesto romántico de su novio la noche anterior y no hay nada que puedas hacer al respecto.

También ocurre al contrario: Mi mujer y yo nos conocimos en el momento exacto, ambos habíamos pasado por una evolución a nivel personal poco antes de conocernos y estamos convencidos de que, de habernos conocido dos meses antes, probablemente no seríamos pareja. Años después descubriríamos que pasamos cerca de dos años frecuentando los mismos bares y los mismos grupos de amigos los mismos días, no llegando a conocernos por apenas segundos en ocasiones.

¿Que a qué viene esto?

Pues a que mientras mi mujer daba de comer a Deimos, yo tenía a Phobos en brazos y este decidió ponerse a patalear. Me hizo gracia ver cómo movía esos diminutos pies suyos así que le mordí uno con tan mala suerte que el muy hijo de su madre liberó una sonora y espesa ventosidad en mi cara que me provocó arcadas. Cosa de la que mi churri se rió a carcajada viva de tal forma que casi asfixia a Deimos con el biberón.

Lo dicho, aterrador.

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3 comentarios en “Efecto mariposa”

    1. Efecto dominó o fabada, que lo del hijo pedorro, al menos, te hace terminar bien el día.

      Hace mucho tiempo que aprendí una cosa: soy pasional y, cuando me vengo arriba, los muros tiemblan…

      Por eso, lo que suelo hacer, cuando me dan un grupo de personas nuevas para un proyecto, les suelo explicar quién soy y cómo funciono, para que no se asusten (les enseño qué pasa, sobre todo cuando me vengo arriba y empiezo a abjurar en esa extraña lengua romance que usamos :-)).

      Al igual que hago eso, si me tengo que disculpar, a diferencia de estos (la soberbia es su pecado: la envidia es el nuestro), lo hago en público y delante de todo el mundo: lo más importante es que quede bien claro que el Yin tiene un Yang…

      Estoy seguro de que debería ser más correcto y no ser tan pasional… Estoy seguro de que sería mejor para mi vida profesional (estoy ABSOLUTAMENTE seguro de ello), pero entonces no sería yo.

      Y eso, desafortunadamente, es lo que aprendí hace unos años: el día que dejas de ser tú mueres, porque no puedes ganar a un delfín nadando, ni ganar a una gacela corriendo y no puedes ganar con sus armas, porque no has nacido ni crecido con ellas.

      Pero sí puedo cazar al delfín y a la gacela :-))

      Y cuando oyen al Quijote bramar y hacer un Samuel L. Jackson en toda regla, no sólo no se asustan, sino que ahora me preguntan qué digo (están aprendiendo un español “fino fino” :-)).

      Un saludo: es una delicia leerte.

      P.S. Hay que darle soporte técnico a la baturra, que ha publicado un artículo sobre sus peripecias con un iPhone y se niega a recibir ayuda (menuda es).

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      1. Tengo la sensación de que me estás medio respondiendo a https://celebrandoloslunes.wordpress.com/2017/02/02/la-fuente-de-la-sabiduria-con-perdon-de-internet/

        Conozco la narrativa del Better only than best. Mejor hacer lo tuyo que hacer algo que hace todo el mundo, incluso aunque seas el mejor del mundo.

        Y estoy de acuerdo, el problema es que se suele tomar como una puerta abierta para saltarse a la torera convenciones que existen para solventar problemas de comunicación y cooperación y que tienen motivos sólidos para estar ahí.

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