Nueva generación con interés y futuro

No suena el despertador, no es lunes y no tengo especial prisa. Tampoco estoy en Holanda, estoy en Gran Canaria, mi tierra natal. Y no es lunes, es un viernes que me he tomado libre de una semana trabajando en remoto.

Mi mujer se despierta a la vez y me avisa de que no desayune, que vamos a uno de nuestros sitios favoritos para desayunar. Tras un generoso bocadillo de pata (jamón canario para los que no conozcan la jerga del paraíso), aprovechamos la mañana para ciertos trámites y me dirijo a un instituto para el plato fuerte del día: Una charla sobre la vida como programador expat canario en Holanda. Contar mi vida a desconocidos, ea.

El que me conoce sabe que me encanta hablar y que me encanto a mí mismo, así que lo de hablar de mi propia persona se me hace un paseo por el parque. Claro está que el asunto no es la charla en sí, sino las consecuencias de ellas. Estudian para ejercer una profesión en alta demanda que facilita el salir a otros países y es posible que lo que tenga que decir pueda afectar a una decisión que en mi caso, supuso un cisma vital.

Lo que más me preocupaba era ser escuchado a medias. Tengo tendencia a defender mi posición de forma vehemente y sin quererlo invito con frecuencia al juicio rápido de mis opiniones. Esto se vuelve más grave si, ya sea por falta de atención o por que me deje algo en el tintero, no expongo por completo lo que tenía en mente.

Casi me pasó, de hecho, di a entender que tener certificaciones no servía de nada y fue una oportuna pregunta de la audiencia lo que me permitió aclarar un malentendido del que no era consciente.

También me preocupaba otro asunto: El acabar sintiendo pena por una generación entera, que no hicieran ni puñetero caso a una oportunidad de saber qué hay detrás de la barrera del primer trabajo y qué opciones de futuro a medio y largo plazo hay ahí fuera.

Pero todas esas dudas se disiparon en cuanto entré al aula y pasé un rato ladrando: El futuro está en buenas manos.

Me quema muchísimo esta costumbre que hay de llorar con los hijos del milenio, con que no los hemos preparados para afrontar el mundo real, que son una generación de inútiles y un largo etcétera de quejas genéricas y manidas. Luego viene el agravante del llanto autocompasivo de que todo es culpa de la generación anterior, que se ha encontrado con una juventud diferente producto de la revolución digital y no han sabido orientarlos.

Es fácil perderse en la sobrecarga de información viral que nos inunda desde las redes sociales y pensar que los que vienen a heredar la tierra no tienen nada que hacer.

Hace poco, Pablo Motos en su hormiguero se olvidó de en qué país estaba y trajo a su programa (que no por no gustarme el show dejo de admitir que es de lo mejor disponible en la televisión nacional) a la joven Alyssa Carson. La chica, nombre en clave Blueberry, es una de estas personas extraordinarias que lleva en quince años más experiencias vividas que muchos de los que llegan al siglo respirando. Es candidata firme a ser parte de la primera expedición tripulada a marte, es posible que sea la primera humana en pisar otro planeta.

Ahora viene lo gracioso: Durante la entrevista, Cristina Pedroche incomodó a la chica acosándola en torno a la posibilidad de que se echase novio y no quisiese ir a marte. No la incomodó porque la muchacha se sintiese fuera de lugar tratando el tema, sino porque se notaba que la futura astronauta estaba intentando no explicarle de forma poco educada lo claras que tiene sus prioridades.

Sexismos aparte, puedo llegar a entender que la intervención de Pedroche fuere más noticia que el hecho de que exista una persona con quince años que ya tiene formación suficiente para salir al espacio. De verdad que puedo entenderlo, no lo comparto, mi impresión al leer la noticia fue alucinar pepinillos sobre el hecho de que alguien haya podido hacer tanto en tan poco tiempo. Claro que la preguntita de entre todo lo que se podía preguntar es algo llamativo y la noticia era sobre la entrevistadora y no sobre la entrevistada.

Claro que la cosa se agravó: La chica tiene unos pabellones auditivos notables y twitter se inundó de mensajes de gente que hacía chistes sobre ello. Corrijo, chiste, todos eran una variación de “con esas orejas podría ir volando a marte”.

Pues bien, no me jode tanto que se hayan burlado de la chavala, los mediocres siempre necesitarán burlarse de todo aquel que les quede lejos hacia arriba. Me jode que haya sido noticia, me jode que haya gente que haya pasado más tiempo leyendo los tuits que informándose de qué tiene de especial la muchacha para que la hayan llevado a la caja tonta. Por encima de todo, me jode tener que hablar de ello para ilustrar lo que pretendo decir.

Hemos recibido una avalancha de desinformación explicándonos lo terrible que es la generación del milenio, que van a entrevistas de trabajo con sus padres, que no saben aceptar el rechazo, que no entienden que no se lo merecen todo, que tampoco comprenden que a veces no te llevas el premio aunque sí que te lo merezcas.

Un secreto al respecto de esa generación que tenéis en la cabeza: No existe.

Conozco gente de veinte años trabajadora y preocupada por los demás y conozco personas de más de cuarenta centradas en sí mismas, incapaces de ponerse en el lugar de los demás y que viven su vida a través de un filtro del instagram.

Volviendo al asunto de la charla, recordemos que iba sobre compartir mi experiencia al marcharme a buscar fortuna en tierra de canales y queso, con el añadido de que los allí presentes iban con el objetivo de llevar a cabo la misma profesión.

Empecé la charla preguntando quién tenía interés en irse fuera al acabar los estudios y de unas veinte personas, cuatro manifestaron interés. Pregunté en inglés cuántos me estaban entendiendo y fueron seis.

De esto os saco dos cosas, la primera: Entre estudiantes de menos de veinte, más de un cuarto conocían la situación laboral del país y habían sopesado esta frente al trauma de marcharse fuera, pareciéndole lo segundo menos traumático.

Y la segunda: La pregunta en inglés la hice lo bastante enrevesada para que el que no tuviera nivel para seguir una conversación no pudiese contestar. Seis personas de veinte con un nivel conversacional de inglés es un porcentaje bastante mejor que entre los diputados del PP.

Después empecé a darles la brasa un poco sobre los tumbos que di hasta acabar dedicándome al software, un día os daré la brasa a vosotros sobre el tema. Cuando por fin llegué a la parte en la que me siento sólo y perdido en el país naranja, pregunto quién se ha ido de viaje a la aventura, sin guías ni rutas concertadas.

Pregunté esto porque no me esperaba que uno de los alumnos hubiese hecho lo que hizo: Se fue a buscar fortuna al Reino Unido con el presupuesto justo para sobrevivir un mes.

Si tengo una virtud intelectual es memoria. Estoy seguro de que no estaba entre los que entendieron la pregunta en inglés.

Con un par de gónadas, el colega se nos ha ido a la tierra que nos dio a los Sex Pistols, Doctor Who, Harry Potter, Narnia, el Señor de los Anillos, James Bond, John Oliver, los Beatles y a Terry Pratchett sin hablar el idioma de Shakespeare a intentar abrirse paso como un buque rompehielos.

No lo consiguió, volvió y siguió con sus estudios, como un campeón.

Al que me diga que los millenials no saben asumir responsabilidades ni afrontar el fracaso, le voy a mandar a doblarse de cara a poniente y le voy a plantar un cactus allá donde no sale el sol.

Luego me llamó la atención otro hecho, me considero una persona humilde, aquí en mi espacio suelo compartir mis inseguridades y mis errores, y también compartí algunas de mis debilidades en la charla, pero imagino que con el afán de vender mi historia y hacer calar el mensaje, vendí una versión mejorada de mí mismo. Uno de los chicos me preguntó qué hacer cuando uno se derrumba, cuando fallan las fuerzas y aclaró que me lo preguntaba porque, y cito textualmente: “Se ve que le echas dos c*****s”.

Al margen de que aclaré que mi fuente de fortaleza ha sido recientemente mi churri, la clave es que la pregunta iba sobre cómo afrontar el fracaso, sobre cómo seguir adelante cuando lo tienes todo en contra.

Si eso es creerse que uno lo da todo por sentado…

También me preguntaron por la importancia de las certificaciones, cosa con la que hay que andar con cuidado. Ya expliqué que di a entender que no valían nada, pero la mayoría de certificaciones de importancia suelen traer acompañado un corpus de conocimiento bastante interesante y que enriquece un currículo más allá del medalleo.

Preguntó una de las chicas por el sexismo en las entrevistas de trabajo, cosa que en las ocasiones en las que he sido parte seleccionadora en una entrevista a una mujer, no he observado. Ojo que hablamos de la industria del software, en un buen proceso de selección, son tus futuros compañeros los que te entrevistan y los ingenieros tendemos a ser gente práctica: Sea cual sea tu sexo, tus errores van a hacerme perder salud mental, yo valoro mi salud mental, ergo doy el no si eres malo, por otro lado, si eres bueno, voy a ganar en paz de espíritu, la paz de espíritu mola, ergo doy el sí si eres bueno.

Desgraciadamente sí que he visto mucha condescendencia paternalista en la industria, decisiones que se cuestionan sólo por venir de una mujer y que dará lugar a otro artículo, otro día.

También me vine arriba cuando preguntaron lo de la vestimenta en las entrevistas. Soy partidario de disfrutar de los pequeños placeres de la vida y uno de ellos para mí es aprovechar la situación de la industria para ser bastante informal en las entrevistas. Camiseta friki, pantalón vaquero y deportivas. Es cierto que en España y sin currículo, habría que comedirse un poco y plantearse una camisa. Yo llevé camisa a la entrevista de uno de los trabajos más significativos en mi desarrollo profesional, pero también fue cosa de que me avisaron.

Aunque me gusta puntualizar que lo de mis pintas en las entrevistas es un filtro. Se me da bastante bien el proceso (sí, también escribiré sobre procesos de selección) y suelo venderme muy bien en las entrevistas. Si te presento a un candidato ideal para el puesto (ni se me pasa por la cabeza presentarme a un puesto para el que no soy el candidato ideal) y a ti te parece un factor decisivo que lleve una indumentaria un tanto informal (que tampoco voy en chándal, llevo vaqueros), no quiero trabajar en tu empresa.

¿Significa esto que nunca me pondría camisa y corbata para trabajar? No, sí que lo haría, pero eso… sí, va para otro artículo.

La cosa es estos chavales han sido una fuente de inspiración.

Sí, he dicho de millenials que son personas inspiradoras, chinchaos, vejestorios.

Hubo más preguntas y aproveché para distribuir mi lista de libros que todo programador debería leer (exacto, la compartiré en otro artículo) y ensañarme en la importancia de saber inglés (la lista está compuesta íntegramente por libros en inglés de los que no hay traducción al castellano).

Lo más importante es que fueron dos horas de interacción en las que sólo cuarenta y cinco minutos fueron de charla. Durante una gloriosa hora y cuarto, la audiencia exprimió todo lo que pudo mi experiencia en el mercado tanto nacional como europeo haciendo preguntas clave sobre temas como si valía la pena especializarse o saber de todo, las certificaciones, los prejuicios y una joyita de pregunta sobre la importancia de tener un portafolio o no. Digo que fue una joya porque soy de la opinión de que tener código público que puedas enseñar ayuda muchísimo a conseguir un trabajo, sin embargo, servidor carece de dicho portafolio y no le ha ido mal (esto va también para el artículo sobre selección de personal).

El profesor también se mojó y preguntó, con una pregunta puñetera: Cómo enfocar la asignatura de lenguajes de marcado para que el alumno no la vea como esa asignatura coñazo que hay que aprobar porque forma parte del currículo. Pues bien, me he propuesto escribir un artículo con código y todo (pondré un aviso parental a la entrada para evitar a los parroquianos no técnicos el disgusto y no lo contaré como la publicación semanal, será cosa extra) explicando por qué los lenguajes de marcado tienen la importancia que tienen.

En resumen: Una experiencia fabulosa que reafirma mi postura de que toda esta moda de hablar de los millenials no es más que el ciclo de la estupidez humana, reciclando errores del pasado y convirtiéndolos en tendencia.

No os dejéis engañar, nuestros reemplazos vienen pisando fuerte y la tontería de que no los hemos preparado para el mundo y de que se van a dar el batacazo no es más que un reflejo de un ramillete de miedos que hemos heredado de nuestro abuelos.

Los que aún no os hayáis quejado de la nueva generación, evitad hacerlo, no seáis parte del tópico, hay esperanza, hay futuro.

A los chavales que lean esto, lo lean hoy o en diez años, pues esto dudo que vaya a cambiar algún día: Seguid dándole duro, sois la generación más preparada, lo sé porque mi generación fue la más preparada, como lo fue la de mi padre y cada generación anterior. Y el mundo al que os enfrentáis es un poco más duro, más complejo y más raro que el que tuve que descubrir yo, lo sé porque siempre ha sido así, el mundo sólo se enrarece, no se simplifica.

Igual un día deja de ser así, pero en ese caso el cisma generacional será el menor de nuestros problemas.

A ser felices, si os viene en gana.

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4 comentarios en “Nueva generación con interés y futuro”

  1. Ummm espero la entrada sobre la vestimenta en entrevistas. Estoy segura de que te voy a llevar la contraria. Y que conste que yo a mi trabajo voy en vaqueros y zapatillas la mayoría de los días

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  2. Sí que tienes buena memoria. A pesar de que la charla fue muy densa son muchos los detalles que nos recuerdas en esta entrada. Me gustó mucho el trasfondo que hay en ella. ¡Ya está bien de hablar mal de la nueva generación! ¡En mi clase hay muy buenos chicos! Y seguro que saldrán adelante y serán estupendos profesionales si realmente ellos quieren y están dispuestos a centrarse en ello. ¡Claro que sí!

    Muchas gracias por el tiempo que nos regalaste en la charla . ¡A los chicos les encantó!

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