De punta en blanco (III)

Seguimos con el tema de la búsqueda de empleo. Un recordatorio amistoso: Mi experiencia se centra en el sector del software en el centro de Europa. Lo que explico aquí viene con aclaraciones y anotaciones de los porqués, de forma que muchas de las cosas deberían ser útiles para otros sectores y mercados.

Andábamos metidos con el tema de la carta de presentación. En el artículo anterior hablaba del segundo párrafo y se me olvidó mencionar algo.

Es el primer párrafo de tres, puede que cuatro.

No más de cuatro.

Cuatro párrafos en una página.

UNA.

Una sola página, lo que viene a ser un folio por la cara de delante y nada por detrás.

Pista: Si le das la vuelta a la carta y hay letras, es muy larga.

Os lo dice un tío que se tomó más de una página para contar un piñazo contra el suelo. Me encanta extenderme, pero se trata de que la lea una persona que te va a dar trabajo en un hueco que tenga en su agenda, no de que se prepare un baño caliente con esencia de camomila y unas velitas para dar ambiente y así poder leerla de una sentada.

Cuidado que no cuento el párrafo de presentación: Decir cómo te llamas y a qué puesto optas es simplemente una entrada para ayudar a quien lee a saber por donde van los tiros.

¿Por qué empecé por el segundo párrafo? Pues porque es el primero que deberías escribir, recuerda siempre que estás mirando por ti y tu futuro, si no sabes expresar qué quieres de la empresa, pasa a la siguiente oferta.

Además es el más divertido y más fácil de escribir.

La estructura va así:

  1. Quién soy y qué habilidades y puntos fuertes componen mi perfil profesional.
  2. Qué busco como empleado y por qué creo que esta empresa puede aportármelo.
  3. Qué hace que mis habilidades sean apropiadas para el puesto, qué puedo aportar yo a la empresa que no pueda aportar cualquier otro.
  4. Conclusión y cierre. Atar cabos que quedasen en el aire en el resto de párrafos, recalcar algo de importancia e invitar a que se te pregunte si quieren saber más.

El último párrafo no siempre se incluye, yo no lo hacía antes, luego empecé a hacerlo y ahora tengo la sensación de que la carta queda coja sin él, pero es una impresión personal, con tres párrafos el mensaje queda completo.

Vamos a por el primero:

Recordemos el ejemplo del capítulo anterior, en el que me presentaba como un desarrollador power megazord turbo diesel inyección con las lunitas pintadas y las llantas de alineación. El exagerado enaltecimiento de mis habilidades que hice en ese párrafo no es casual ni algo que se deba hacer de forma genérica.

En la mayoría de casos, una humildad simple es mucho más efectiva.

Antes de explicarme quiero aclarar que tampoco hay que pasarse de humilde y nunca, nunca, NUNCA hay que mencionar que se es flexible en las condiciones. Del mismo modo que decir “busco una empresa con un músculo financiero desarrollado” es decir que vas a pedir un sueldo que haría sonrojarse a tu abuela, decir que estás dispuesto a adaptarte viene a transmitir algo así como: ¿Estatuto de los trabajaqué? Mi no entender, yo querer que tú darme trabajo para yo salir de números rojos.

“Pero Doc, tú eres programador en el centro de Europa, eres más raro de ver que el yeti a lomos de un unicornio trotando por las cintas de equipaje del aeropuerto de Castellón. Tú te puedes ponder rígido con las condiciones, el resto nos tenemos que doblar y no está de más insinuar que estamos dispuestos a hacerlo.”

Falso y falso.

Primer falso: La situación favorable que tenemos los programadores sirve para poder hacer un poco de palanca a la hora de negociar y tener un poco de paz de espíritu si en la empresa empiezan a despedir gente. En toda relación profesional hay que ser flexible y adaptarse para alinear nuestros intereses y nuestra forma de trabajar a los objetivos y metodologías de la empresa.

Segundo falso: Como ya he dicho, todo profesional tiene que ser flexible y toda empresa que quiera contratar a un profesional asumirá que eres capaz de serlo. Mencionarlo pasará desapercibido en el mejor de los casos y dará pena en el peor, convirtiéndose en una bandera roja que podría llegar a ser la gota que colma el vaso para no llamarnos.

Así que empezamos: ¿Vendernos caro o ser humildes? Esta es fácil: Depende del puesto a que optes y de la empresa en cuestión. Si la empresa usa palabras como “búsqueda de la excelencia” o en la descripción del puesto se puede leer entre líneas “dominio de la fuerza como pare llevarse por delante a Yoda sin sudar la camiseta”, hay que brillar. Puestos de directivo, gestión de proyectos, desarrollador líder, arquitecto de software… son el tipo de posiciones que piden que no seamos humildes en la carta. En cualquier otro escenario, salvo que no sea consciente de alguno (comentarios bienvenidos son, poderosa en ti la fuerza es), hay que dejar claro que somos conscientes de que hay gente mejor que nosotros ahí fuera, pero somos lo bastante buenos para hacer el trabajo y estamos abiertos a aprender.

Repito que no hay que mentir en la carta de presentación. Si no estás abierto a aprender tienes un problema que no está relacionado con la búsqueda de empleo. Siempre hay que aprender de todo y de todos, ya lo comenté en una ocasión. Aunque seas el mejor en lo tuyo, aunque sepas sin lugar para la duda que sabes todo lo que se puede saber en tu campo, tienes dos problemas. El que no tiene lugar para la duda es incapaz de adaptarse y, por otro lado, podría estar surgiendo una nueva forma de hacer las cosas con su propio corpus de conocimiento que podría dejar obsoleto tu oficio actual. Por no querer aprender, podrías no apreciar que estás atado a la vía y viene el tren.

Señala tus habilidades claves en ese párrafo, no sólo las que convienen a tu posible futuro empleador, pero tampoco todas las que posees. Es cosa tuya buscar un equilibrio: Enfatiza todo lo que creas que puede ser significativo para el puesto y deja caer un par de cosas que muestren aspectos tuyos como profesional que puedan ser interesantes, si eres multidisciplinar y estás aspirando a un puesto de desarrollo de servicios, mencionar que tienes una certificación de redes transmitirá el siguiente mensaje: Sabe programar un servicio, pero además quiso enterarse de cómo ocurre la comunicación entre máquinas, a este sujeto le gusta conocer el terreno que pisa.

La corrección en el lenguaje es importante. Activa el corrector ortográfico y no dudes en consultar el diccionario ni un libro de gramática. Hace tiempo tuve una discusión con una familiar de un amigo en Facebook en la que me corrigió una frase que estaba bien escrita.

Aclaro: Este texto tiene faltas de ortografía y errores gramaticales, estoy seguro de ello. Y al que me corrija le doy las gracias y me alegro de haber aprendido algo nuevo. Uno de mis mejores amigos me suele corregir cosas que están bien dichas, pero que podrían estar mejor y le aprecio por ello (no sólo por ello, tontorrón).

Sin embargo, si estoy convencido de haberlo escrito bien, discuto. No porque quiera estar siempre en posesión de la verdad, sino porque quiero estarlo al acabar la discusión. En aquel caso, escribí quién con tilde en una situación en la que actuaba como pronombre indefinido, situación en la que lleva tilde. Sin malicia ni ganas de pelea, le pasé un enlace en el que se explicaba el asunto a lo que me respondió: “Que ella no necesita mirar la rae porque lleva chopocientos años siendo profesora de lengua”.

Y me parece muy bien que esta señora esté muy contenta con su carrera y que a día de hoy siga pensando que los pronombres indefinidos son los padres, pero ella es defuncionaria y no creo que tenga planes a corto plazo de buscar empleo. Cuando tú escribas una carta de presentación, ante la menor sombra de duda: Consulta.

Llegado a este punto, puedes dejar de leer y continuar en el siguiente artículo cuando lo escriba. Todo lo contado aquí es puro consejo basado en la experiencia, lo siguiente está matizado fuertemente por opiniones personales y aunque mis vivencias me dicen que es interesante, puedes no estar de acuerdo e ignorarlo por completo.

Salvo que vayas a trabajar en un bufete de abogados cuya función principal sea luchar contra la asunción de género en el lenguaje, evita el lenguaje de género neutro inventado:

Nosotrxs, nosotres o nosotr@s no son palabras del castellano. Si quieres usar un lenguaje de género neutro, puedes hacerlo sin inventar términos.

Estimado personal de reclutamiento.

A quien corresponda.

Trabajo muy bien en equipo y siempre he sido capaz de resolver cualquier conflicto que ocurriese con otro integrante o integrantes de la plantilla de forma rápida y satisfactoria para todas las partes.

No es mi intención ni me veo con fuerzas ahora mismo para meterme a discutir este lenguaje. Simplemente me limito a señalar una técnica narrativa.

Porque tu carta tiene el mismo problema que una película de cine, en el momento en el que el destinatario suelta un: ¿Qué? Lo has perdido. La carta de presentación tiene que tener un ritmo narrativo en el que formará una imagen de ti como complemento perfecto para la empresa en la mente del lector. El truco es que si creas una imagen bien definida, la persona que la lea creará un escenario mental en el que te imaginará como empleado de la empresa.

No importa lo bueno que sea el perfil que dibujas en la carta si el lector no hace ese ejercicio mental. Alguien que sea peor candidato podría ser entrevistado en tu lugar simplemente porque quien leyó ambas cartas se figuró a esa persona en el puesto y no a ti.

He puesto el ejemplo de esta moda del lenguaje neutro porque es la única que se me ocurre que una persona más o menos sensata podría poner en una carta de presentación, pero cualquier elemento que haga que el lector deje de leer por un momento puede provocar la catástrofe. Una falta de ortografía horrorosa, tratar de usted al lector y de pronto pasar al tuteo o viceversa, una palabra de jerga, un taco…

Ojo, no tienes que ser Arturo Pérez-Reverte, un solo que lleve tilde y se te pase o la viceversa, o el caso del quién como pronombre indefinido que comentaba antes seguramente pasarán desapercibidos. Tampoco vayas a pasarte de listo y colar un imprimido o un proveído, que están bien dichos, pero pueden chocar.

Como ya digo, estos últimos párrafos son mi toque único a la parte de la carta de presentación, puedo estar equivocado, no creo estarlo, no obstante.

Y si lo estoy, bienvenido sea el argumento que me rebata.

Muy en serio, yo dejaré de hacer algo mal y el lector evitará un gazapo, anímate a discutirme si crees que me equivoco.

Prefiero sufrir sabiendo que estuve equivocado que felizmente ignorar que lo estoy.

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1 comentario en “De punta en blanco (III)”

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