Lo entenderás cuando seas mayor

Suena el despertador y estoy bajo la ducha que, fría e inmisericorde activa mis sentidos y algunos nervios que no sabía que existían. Me seco, me visto y agarro el almuerzo que cariñosamente me ha preparado mi señora el día anterior, un yogur para media mañana y una manzana para el camino.

Pierdo mi guagua y espero a una que pasa justo después y que a veces llega antes que la mía a cierta parada. El truco no funciona, igualmente engancho otra línea que me hace llegar un poco antes a la estación de tren. No es que importe, llego tarde a subirme a mi tren, me subo al siguiente y lo encuentro, para mi sorpresa, lo bastante vacío como para pillar un asiento con mesilla y ponerme a escribir este artículo.

Mirando por la ventanilla veo el verde paisaje veraniego de Holanda. Hay vacas pastando y árboles perfectamente alineados con preciosos molinos antiguos, pero mantenidos con mimo y cuidado. Tengo un momento en el que recuerdo aquella frase de American Beauty:

A veces siento que hay tanta belleza en el mundo que no puedo soportarlo.

Y no porque estos parajes me parezcan lo más bonito que existe, en absoluto. Ya en mi patria hay miles de lugares hermosos en los que perderse y el que haya visto una aurora boreal probablemente se burlará de mi limitada percepción del mundo en este momento. No, no se trata del paisaje en sí, se trata de cómo me siento yo respecto a él.

Porque el hecho de que haya entrado a cargar contra ciertos libros de autoayuda por la propuesta ridícula de que se puede cambiar el universo sólo pensando en cosas positivas, no cambia que entienda que un enfoque del tipo “yo puedo” es imprescindible para poner nuestro mundo en movimiento.

Con el paso de los años empiezas a darte cuenta de cosas que ya te habían dicho cuando eras crío, cosas como a que colegas para pasar el rato hay muchos, pero amigos muy pocos. Cosas como que sin importar lo grande y duro que seas siempre hay alguien capaz de pasarte por encima o que aunque el dinero no de la felicidad, no tener suficiente es una putada.

Son cosas simples que parecen fáciles de entender, pero tuve que ser capaz de contar a mis amigos con una mano y que me sobrasen dedos, recibir una galleta que aún me tiene los oídos pitando y no llegar a fin de mes para entenderlo.

Ahora miro a mis enanos y empiezo a darme cuenta del dilema al que se enfrentan muchos padres a al hora de elegir cómo educar a sus hijos. Yo aprendí muchísimo de los errores cometidos, pero nadie vive con prisa y tardé en cometerlos. Pasé mucho tiempo pensando que yo sabía cómo vivir mi vida cuando nadie, absolutamente nadie de entre todos los miles de millones de seres humanos que estuvieron en la tierra antes que yo ha terminado de entenderlo.

Era arrogante e ignorante. Una cosa a medio camino ente creer que las vacuna causan autismo y que los transgénicos son peligrosos, suponiendo que haya alguna distancia entre esos dos grupos.

Recuerdo haber leído en un curso de programación la historia de un diseñador de juegos con un talento inmenso que no leía publicaciones de otros diseñadores ni jugaba a juegos de otros estudios que hubieran recibido críticas por su original diseño. Decía que quería “hacer lo suyo”, no copiar lo que ya había ahí. Curiosamente esto tenía el efecto contrario: Sus diseños estaban plagados de clichés de la industria y de soluciones fallidas a problemas que ya otros habían probado y descartado hacía una década. Aún con esas su trabajo era bueno, pero no era excelente por no reconocer la sabiduría del que ha vivido lo que tú estás empezando a experimentar ahora.

Y si crecer en una profesión es algo complejo, imagina crecer en la vida. Ser lo bastante bueno para ti mismo, serlo para tus seres queridos. Además de que el ser persona no es un corpus de conocimiento lineal, una persona puede ser objetivamente más sabia que otra y aún así, ser un completo inepto en aspectos que la otra domina.

Y hay conocimientos que no son fáciles de transmitir.

Soy un defensor adepto del valor didáctico de la violencia.

Y no quiero decir que la letra con sangre entra. En absoluto, si hace falta sangre para que entre o bien es una letra que no tiene por qué ser aprendida o el maestro anda escaso de capacidad de enseñanza. Quizá es cosa del alumno, pero dudo que un defensor de enseñar agrediendo sea capaz de enseñar algo tan complejo que no todo el mundo pueda entender.

No, me refiero a que ningún político que haya luchado por su vida andaría presto a declarar una guerra. Me refiero a que aquel que ha terminado una pelea de verdad no está dispuesto a empezar otra con facilidad. Si has estado unas cuantas veces en los lados emisor y receptor de la violencia, entiendes que ninguno de ellos es agradable.

Pero también pasa al contrario. A veces la única salida a un conflicto es ser violento y esto no implica necesariamente la violencia física. Hay desacuerdos laborales que sólo se resuelven con una huelga.

Son, curiosamente, profesiones que viven con un altísimo nivel de presión aquellas que más luchan por sus derechos, ya sea por lo intenso del ejercicio del oficio y las responsabilidades que implica (controladores aéreos) o por la cercanía del peligro mortal (estibadores o mineros). Esta gente entiende que hay que plantar cara y no echarse atrás cuando se trata de tus judías y las de tus hijos.

¿Cómo enseñas esto a tus hijos sin que pasen por ello?

Ya me dije en su momento que no quería ser uno de esos padres que utilizan la edad para justificar cualquier respuesta. No quiero andar repitiendo aquello de “Lo entenderás cuando seas mayor”.

Hoy me planteo aquello de que no hay más sordo que el que no quiere oír y me pregunto si seré capaz de hacer que mis hijos me escuchen o tendré que observar como se dan cada batacazo que yo me dí.

¿Es malo eso acaso? Yo tampoco he salido tan mal, a pesar de que lamento no haber escuchado a muchos en muchas ocasiones. Ojo, que sólo soy un poco menos imbécil de lo que lo era entonces, aún sigo metiendo la pata por no escuchar.

A veces mi mujer me dice que haga lo que me da la gana y hago lo que me da la gana.

Muy tonto.

Hoy no traigo soluciones ni guía espiritual. Me encanta compartir aquellas pequeñas bolsitas de conocimiento que he llenado a base de dolor y lágrimas y me voy contento al terminar un artículo si alguien ha podido, si no aprender algo de mi batacazo, al menos reírse un poco a mi costa, me consta que del segundo grupo, haberlos haylos.

No, este es un problema que no he resuelto y que no sé si sabré resolver. Espero seguir escribiendo en unos años y poder contar qué he aprendido del tema y sería genial escuchar historias de gente que vaya unos pasos por delante en esta singladura.

Como sea, mis hijos apuntan maneras, parecen ser bastante más espabilados de lo que lo era yo y si yo pude salir adelante, no me cabe duda de que llevarán a cabo aquello de: “Sé mejor hombre que tu padre”.

Esta frase se basa en un pasaje brillante del segundo libro de “La Odisea” que decía: “Pocos hombres son mejores que su padre”. No recordaba claramente esta información y ha sido una pequeña odisea encontrarla, aparentemente es una frase que se menciona en la serie “Fringe” y el Dios mecánico que sabe todo lo que haces google se empeñaba en mostrarme fragmentos de la serie.

Lo dicho: Un puzzle que resolver y mucho por aprender.

A ser felices, pero según os convenga, sin presiones.

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