Conciencia plena suena mejor que Mindfulness

Suena el despertador y antes de apagarlo hago un repaso de las veces en que me he despertado por la noche, porque han sido unas cuantas.

Me meto bajo la ducha y mientras el agua me cae por encima empiezo a recordar una noche de pesadillas tontas, pero agotadoras.

Parece ser que mi cuerpo echa de menos lo que sentía cuando dudaba de mi capacidad para hacer mi trabajo (un síndrome del impostor de manual) y me hace soñar una y otra vez con escenarios imposibles que todo el mundo parece poder resolver menos yo.

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Amor perruno

Suena el despertador y tras una noche de despertarme continuamente de pesadillas, la mala baba que llevo encima es más que suficiente para que se apague de puro pánico.

Generalmente me despierto con buen ánimo, pero hay días en los que duermo muy mal y mi humor suele hacer que los aguacates maduren de terror ante lo que puede pasar si hinco el cuchillo y me encuentro que está verde.

Hoy es uno de esos días y una ducha de agua helada después sigo con un ojo cerrado y un dolor de cabeza que no deja de susurrarme: “Hoy es día de pastillas, ¡wiiiii!”. Me visto, bajo a la planta baja y rasco distraídamente a las tres fierecillas que me esperan en el salón de mi casa.

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Ya vienen

Suena un poco a título de película de terror, pero estoy hablando de mis enanos: ya vienen.

La tontería empieza con que me he topado con una cuenta atrás para la llegada de Santa Claus, no confundir con el Sinter Klaas holandés, que viene veinte días antes cargado de regalos y divertidos ayudantes que no personifican ningún tópico racista que sepamos.

El asunto es que el veinticinco de diciembre es también la fecha en la que estimamos que nuestros enanos tendrán a bien venir al mundo a traer algarabía y jolgorio a mis padre y suegros y muchas horas de dar por culo a mi señora y a mí entre grandes cantidades de comer, defecar y dormir.

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A ras de suelo, literalmente

Esta historia no empieza con el despertador sonando, de hecho, ni siquiera tuvo lugar un lunes sino todo lo contrario, un viernes por la noche.

Para todos aquellos que tengáis planeado engañar a vuestra pareja para que madure vuestra prole nueve meses en su vientre o aquellos en los que la interesada sea ella debéis saber un detalle muy importante:

Un hombre con su mujer embarazada al lado se vuelve tonto.

Muy tonto.

Subnormal profundo.

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Rutina

Me despierto, me ducho, me visto, desayuno y al bus. Y la noche anterior, antes de irme a la cama, decido a qué hora voy a despertarme para que me de tiempo a ducharme, decido qué me voy a poner al día siguiente y qué voy a desayunar.

Cuando llego a la oficina, me pongo a trabajar en lo que tenía planeado desde el día anterior y tengo asignada al menos otra tarea para después. Según se acerca el final del día, intento planear que voy a hacer al menos durante las primeras horas del día siguiente.

¿Predecible? ¿aburrido? No, es rutinario y eso no viene a ser lo mismo.

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Completos desconocidos que forman parte de mi vida

Me despierto enérgico, es uno de esos días en los que duermes maravillosamente bien y te sientes con energía para afrontar todo lo que la vida decida arrojarte a la cara.

Ducha y desayuno fuerte antes de ponerme en camino y llegar a la oficina en un suspiro. A veces hasta el transporte público se compincha para que todo vaya rodado.

Después de un día en el que se rompen un par de cosas con fácil solución y las tareas planeadas para el día caen como fichas de dominó, me dan la noticia: Hay una pringada de la que creía que me había librado y a la que voy a tener que asistir igualmente.

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La oficina a dos pasos de la cama

Me despierto a un nuevo día y toco malamente el móvil que me hace de despertador, mandándolo a callarse diez minutos en lo que m

Me despierto a un nuevo día y de un manotazo le digo al móvil que me avise en diez mi

Me despierto a un nuevo día y me doy cuenta de que hace veinte minutos que tenía que haber salido de la cama. Le doy al despertador otros diez minutos, no vaya a volver a dormirme. Me sueno con fuerza y tras ello toso aún más fuerte, eso me recuerda que estoy en el cuarto de invitados porque una leve gripe ha hecho presa de mí y no quiero contagiar a mi señora y los dos pequeños pasajeros que lleva en su vientre (no tan pequeños, en realidad son bastante grandes, prueba de ello son los dolores de espalda que sufre mi amada esposa).

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